A veces suelo pensar que mi presente se construye sólo de imágenes vencidas y sueños desfasados. Quizás cuando quise tener más de lo que la naturaleza quiso entregarme, sólo me dediqué a irrigar lo que en su momento decidió descansar. No tuve por qué forzar procesos innecesarios, todo tiene su tiempo. Luego de un largo baño de tina logré ver que había más cicatrices de las que suponía, esa extraña sensación cuando llegó la cuenta del teléfono a fin de mes y la suma no cuadra en la lógica. Pero ese es el problema que mi andar carece de toda lógica, por que yo lo quise así, por que soy un loco, de esos que todo lo hacen con pasión o con una mesura que se autoexilió del régimen de los decibeles. En otras palabras me saqué la cresta y sabiendo que me había dolido, no había podido ver lo fuerte que fue hasta que tuve la tardía valentía de abrir mis ojos y contabilizar las innumerables cicatrices que llevo en mi cuerpo.
Sabes, quise llorar, pero no como antes, sin gritos. Quise que todos miraran, pero ya era tarde, mi sed de llenar vacíos con el ego de los aplausos y las miradas habían espantado hasta el más ciego de los sordos. Estaba solo, cuando me di cuenta que podía llorar en silencio. Sin que nadie se enterara, ya no era un niño, tampoco todo un hombre, era un loco, pero de esos que no hacen daño, de esos que mi evidente narcisismo llama genios.
Tuve que desnudarme y escribir en mis nalgas “golpea si quieres”, pero no lo hice con la intención de recibirlo, lo hice por que quería ver como sonreías, pero el problema fue que ya no te reías conmigo, te reías de mi, mientras golpeabas cada vez más fuerte. Hoy todo este andar me ha hecho ser un loco sensible, un loco fuerte, un loco encantador y un loco triste. Hoy me despido de tus aplausos mancos, de tus besos mudos, de tus miradas negras, de tus caricias violentas; y vuelvo a llorar pero sólo frente a Dios y a los míos, los de siempre, los que llevan conmigo más de una vida, se han reencarnado en mis caídas, y por ende en cada una de las cicatrices.
Hoy no te daré lástima por que luego del baño me miré en el reflejo del agua que perdía la concentración de la tierra, y en silencio volví a amarme, no sé cuanto durará, sólo sé que esta vez es de verdad.
Por Álvaro Ballero A.
Ernesto Sábato decía que cada humano tenía miles de caretas: la careta para el amor, la careta para el miedo, para la frustración, para la familia, la esposa, el amigo, hasta para nuestros espejos; que nuestro verdadero rostro surgía cuando estábamos en soledad, sin estar siendo observados por ninguna conciencia. Por eso es que ver a un hombre a escondidas, en su soledad, es el acto de mayor intimidad que podemos hacer con su espíritu.
ResponderEliminarSomos lo que la gente ha diseñado sobre nuestras caretas, por lo que resta liberarse de todas ellas.
El primer párrafo me recordó a Sábato porque él decía también que la vida consistía en la construcción de futuros recuerdos, los cuales quizá nos traerían la felicidad o la desesperanza. Así es como nuestro presente no es más que la elaboración de sueños pasados, recuerdos que hoy estamos viviendo en carne propia.
Saludos. (Llegué a este blog por tu Twitter.)
Me agrada lo descriptivo de tu redacción....O no se si estoy recuperando la imaginación que perdí en la niñez, pero me imagine todo lo que escribiste. Mas q narcisismo, siento que sacas una de tus caretas (como las de jonathan arriba); una de esas que te incomodan. Como en todo, crecer es parte de madurar pero, lamentablemente, dejamos pedacitos en el camino. Eso.
ResponderEliminaralvaro no todos pueden ser famosos algunos tiene ke apaludir yo desde aca m ihumilde sitio te aplaudo de pie, de corazon ...
ResponderEliminarTodos hemos pasado por momentos donde caemos, se que quizás lo que planteo es cliché pero entiendo que lo único diferente entre tú historia y la mía es que tú caída fue televizada y todo un país lo juzgó.
ResponderEliminarLas mías han sido caídas en el anonimato pero no por eso menos aterradoras, no pretendo victimizarme pues comprendo que cada ser humano vive y siente de diversas maneras sus tropiezos así como también sus alegrías. Creo que lo meritorio de todo tú relato es que se logra percibir un dejo de nostalgia pero a la vez logras asumir tú propia historia, la asumes con certeza.
No es necesario "redimirte" ante la teleaudiencia, pues para ellos todas las figurillas de la televisión no son más que "productos consumibles", tú lo fuiste en su momento.Hoy logro percibir en tus palabras un Álvaro diferente a aquel que veía en Protagonistas, hoy ya eres un Hombre.
Siempre es grato leerte. Saludos!